LETRAS ROBADAS de JOHN CARNEY
LETRAS ROBADAS: NECESARIA
REIVINDICACIÓN DE JOHN CARNEY
Hay géneros con los que la
crítica se muestra sistemáticamente implacable y ninguno tan evidente como la
comedia romántica. Resulta curioso porque buena parte de los clásicos
indiscutibles de los años treinta y cuarenta pertenecen a él y una de las tres únicas películas de la
historia premiadas con los cinco grandes Oscar, Sucedió una noche
(Frank Capra, 1934), es una comedia romántica de manual. La sospecha,
con todo, tiene algo de razonable: cada año se estrenan comedias románticas por
docenas y la inmensa mayoría son, siendo benévolos, mediocres.
Dentro del género, además,
ninguna variante tan castigada como la musical. Tanto que cuando, por fin, una
de ellas conjugó el afecto de público y crítica, La La Land,
acabó perdiendo el Oscar a la mejor película en el último minuto —y con el
sobre equivocado ya leído, en una escena digna de la mejor screwball— frente al
cine independiente de Moonlight.
John Carney lleva veinte
años en esa trinchera y sigue sin figurar en las listas de autores donde
debería estar pese a que es un director extraordinario.
Saltó a la fama en 2007 con la película Once,
gran éxito indie rodado y producido en su Irlanda natal en la que sentó las
bases de lo que sería el grueso de su filmografía posterior: películas cuya
trama palidece alrededor de alguna historia musical convirtiendo así el cine en
un vehículo para ensalzar su amor por la música, protagonista indiscutible de
todas sus películas.
El gigantesco éxito de esa bonita
y triste historia de amor entre perdedores llevó al director a vivir la
aventura americana en 2013 con la brillante Begin Again, otra
historia de amor con cierta tristeza protagonizada y cantada por Mark
Ruffalo y Keira Knightley en dos de las mejores interpretaciones
de la carrera de ambos.
Pese al éxito de público y
crítica de Begin Again, Carney volvió a Irlanda para rodar
su siguiente película, Sing Street (aún recuerdo cuánto la
disfruté en el cine aquel otoño de 2016), una sensible historia de amor
adolescente teñida de magia, rebeldía y descubrimiento.
Su siguiente largometraje, Flora
y su hijo Max, no apareció hasta 2023 y con ello, nos plantamos en
2026, año de estreno de Letras robadas.
Letras robadas narra una historia
honesta y cercana sobre la autoría, la fama, la renuncia por amor y la amistad.
Parte de una noche de improvisación musical que, durante un banquete nupcial,
comparten Rick Power (Paul Rudd), cantante de un grupo de bodas venido a
menos, y Danny Wilson (Nick Jonas), estrella del pop invitada al enlace
que busca la vuelta al estrellato después de haber iniciado su carrera en
solitario. En medio de copas, guitarras y confesiones, Rick le muestra a Danny
una canción que este reutilizará en el estribillo del tema que supondrá su
vuelta a la cima de la fama. Desde ese momento, la obsesiva búsqueda de Rick
del reconocimiento de su autoría lleva a una serie de conflictos que guían la
película.
En El cisne negro, uno de
los ensayos más influyentes de este siglo, Nassim Taleb sostiene que el
curso real de la historia no lo marcan los sucesos esperados, sino los
altamente improbables —los cisnes negros—, esos acontecimientos extremos que
descartamos por inverosímiles y que, precisamente por eso, nos pillan siempre
desprevenidos. Pocos territorios ilustran mejor su tesis que el éxito
artístico, al que el propio Taleb dedica varios ejemplos: el talento es
condición necesaria pero no suficiente, porque triunfar depende de una conexión
con el público que ningún cálculo anticipa y que casi siempre nace del puro
azar.
¿Qué posibilidad hay de que Rick y
Danny acaben componiendo juntos durante toda una noche hasta que una de las
canciones que Rick muestra aquella noche acabe convertida en la vuelta a los
grandes estadios de Danny? Se trata de un cisne negro, altamente improbable
pero que sin duda acabará cambiando la vida de Rick.
Hitchcock, con
inteligencia e ironía, nos advirtió muchas veces en su conversación con Truffaut
del riesgo de intentar contentar con las películas a “nuestros amigos los
verosímiles”, esos espectadores empeñados en someter la ficción a la aritmética
de lo probable. La probabilidad de que esta historia sea real es tan ínfima que
habrá quien la califique incluso de ridícula, pero ¿a quién le importan
nuestros amigos los verosímiles?
Letras robadas no
es una comedia romántica pura como lo eran las anteriores películas de Carney,
aunque el amor y la música siguen siendo los pilares de su cine. Aunque la
comedia no se centre en la relación de Rick con su hija y su mujer, una de las
cuestiones esenciales en torno a la canción origen del conflicto es el sentimiento
que da lugar a ella y la persona a la que va dedicada, la vida tranquila que
Rick decidió llevar en Irlanda con su mujer y su hija renunciando a la carrera
musical exitosa que soñaba (¿se daría alguna vez?). Una vez más en una película
de John Carney, el mensaje de amor se impone porque si algo queda claro
a lo largo de la misma es lo contento que está Rick de haber tomado esa
decisión.
Por otra parte, sobresale en la
película la relación de amistad de Rick y Sandy (brillantemente interpretado
por Peter McDonald), fiel escudero de Rick que le acompaña y cree siempre,
incluso cuando nadie más lo hace, estando siempre a su lado y acompañándole en
el viaje final a Los Ángeles que propicia el desenlace de la película y algunas
de las escenas más divertidas.
La película brilla, en este punto,
por la incorporación de numerosas escenas cómicas que aportan un tono de
ligereza y humor que nos reconcilian con todos los personajes y que alivia los
momentos dramáticos que muchas veces las rodean (pienso, por ejemplo, en la
escena previa a ser despedido de la banda en que Rick, torpemente y ante el
horror de las novias, se pelea con otro de los miembros ante su insistencia en
tocar la canción pese a la férrea negativa de Rick).
No todo funciona, sin embargo,
con la misma soltura: hay cierta sobreexplotación de la canción en torno a la
cual gira el argumento, "How to Write a Song (Without You)", que
suena demasiadas veces a lo largo del metraje, en versiones, ensayos, directos
y reprises, hasta el punto de que uno empieza a sospechar maliciosamente si Nick
Jonas no tendrá algún interés en amortizar el single.
En cualquier caso, esta
sobreexposición viene mitigada al menos por su utilización en diferentes
contextos que van desde los estadios en que Danny la canta hasta las bodas en
que se la solicitan a Rick continuamente. Destaca en este punto, una de las
escenas finales en la que la tocan ante unos novios embelesados (en un montaje
sencillo pero emocionante) y en que Rick termina reconciliándose con la
canción.
Letras robadas
confirma, así, que Carney sigue siendo el mejor defensor vivo de un
género que casi nadie se toma en serio al brindarnos una película que nos
mantiene pegados a la butaca durante los noventa minutos, alternando risas,
tensión y melodías susurradas para acabar saliendo del cine con una sonrisa en los
labios y tarareando.
Eduardo Antuña Zarzuelo.
JUnio 2026..


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